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lunes, 1 de agosto de 2011

EMPATIA, INDIVIDUACION Y TRANSMISION HOLOGRAFICA A TRAVES DE LA RED DE CONCIENCIA PLANETARIA

La Transmisión: Empatía en Acción



«La red de neuronas espejo de tu cerebro es como el sistema Wi-Fi inalambrico a la que que se conecta tu computadora y entrelaza todos los cerebros de la familia humana. Esta red de mentes inalambrica permite la transmisión y recepción de contenido holográfico entre personas. Este contenido holográfico consta de los pensamientos, imágenes y sentimientos que vemos y con los que interactuamos en nuestro interior. Así que el mundo interior de cada persona está íntimanete ligado, compartido y sustentado por otras personas de mente y sentimientos similares —que pueden estar en cualquier parte del planeta».


Fuente: —Teka Luttrel, «Mirror Neurons: We Are Wired to Connect».


El principio de la magia simpática es que todas las cosas están interconectadas —pero no de la misma manera. Los objetos de madera tienen más “simpatía” (en cuanto a entrelazamiento subatómico) entre sí que con objetos de plástico o de vidrio, y así sucesivamente. Lo mismo ocurre con la empatía: podemos empatizar más con las personas con las que nos identificamos y viceversa. Si su experiencia nos resulta demasiado foránea, carecemos de “la base de datos” de experiencias previas (no necesariamente las nuestras, sino de las personas que hemos conocido, especialmente nuestros seres amados) para hacer uso y nos quedamos en blanco.


Por otra parte, de manera algo paradójica, si la condición de la persona con la que nos estamos relacionando es demasiado familiar, podemos sentirla demasiado cerca para nuestra comodidad y tenemos menos probabilidad de empatizar. Esto se debe a que sus “improntas” emocionales (heridas) se enredan con las nuestras y literalmente sentimos su sufrimiento como el nuestro, no empáticamente, sino como una intrusión (por nuestra falta de fronteras). Cuando hay insuficiente distancia entre nosotros y los otros no podemos funcionar como el Escucha y no somos de ayuda para ellos. Para poder crear esa distancia nos moveremos hacia fuera de la conexión empática —de forma similar a entrar a una habitación y cerrar la puerta para poder tener un tiempo a solas.


La empatía es un fenómeno misterioso. A diferencia de otras cualidades similares como la generosidad, la consideración, la simpatía o la compasión, la empatía no es algo que hacemos, es algo que sucede. No podemos escoger ser empáticos, solo si (intentamos y) expresamos o no empatía cuando sucede (suponiendo que somos capaces de ello, de lo que no todos son capaces). El problema parece tener que ver con que ser empáticos y expresar empatía generalmente no se llevan bien.


Mientras que la empatía es aparentemente un estado pasivo, expresiones como la generosidad y la consideración requieren un estado más activo y extrovertido. Parecería que la empatía sucede cuando escogemos suspender nuestros prejuicios y solo escuchar a la otra persona; de la misma forma que la empatía nos permite escuchar, escuchar nos ayuda a empatizar. Los dos son estados receptivos y puede ser que, lejos de ser pasivos, tal receptividad permite un tipo de comunicación holográfica: una forma de transmisión que tiene una cualidad mágica. La empatía depende de permitir dos o más estados cerebrales empalmarse completamente, sin intentar añadir un “ruido” extra en la superficie a esa vinculación fundamental.


En apariencia tal transmisión empática solo sucede cuando estamos lo suficiente receptivos para permitirle que suceda. Esto supone depurar nuestra conciencia y nuestra percepción del apilamiento de prejuicios, vaciar los patrones de nuestro condicionamiento para llevarnos plenamente al momento presente. Esta “depuración” (la cual generalmente no sucede de una sola vez sino a lo largo de toda una vida) es también conocida como individuación y, como ya hemos visto, es un proceso que puede acumular su propio momentum. Entre más desechamos los viejos programas de nuestro condicionamiento, más espacio creamos dentro de nosotros para escuchar en verdad, más fuerte crece la transmisión empática y más nos ayuda la señal (telépatica) colectiva a desinstalar los viejos programas al correrlos con el nuevo programa, el del Escucha.


La ventaja de la empatía en la comunicación es que nos permite mantenernos comunicados con otra persona sin tener que regresar reactivamente a su “paquete de información”. En vez de regresar un sarcasmo con otro sarcasmo, la empatía nos remite constantemente al momento, de regreso a un estado de “empatía”, receptividad y claridad en el que respondemos no solo a lo que la persona dice sino a lo que es. La empatía es la forma más alta de respeto, ya que permite al otro ser un otro y también nos permite experimentar el estado cerebral (sufrimiento, confusión, etc.) como algo igualmente real y valido, como nuestro.

La empatía no solo significa tomar en serio los sentimientos de los demás (eso esta más cerca de la simpatía y puede en ocasiones hacer más mal que bien al reforzar esos sentimientos). La empatía significa acceder a una base de datos más grande que la de los sentimientos, que son volubles y altamente subjetivos. La empatía es transpersonal. Se extiende más allá de lo meramente personal y al mismo tiempo incluye lo personal. Tener verdadera empatía por otra persona significa sintonizar no solo a esa persona sino a todas las personas que hemos visto en un estado similar o circunstancia en el pasado.


Todo tiene memoria. Incluso los seres inorgánicos almacenan datos: el Universo entero es un sistema de información. La magia simpática es una descripción primitiva del mismo fenómeno mapeado por la mecánica cuántica, relacionado con la forma en que los átomos intercambian datos a través del espacio e incluso a través del tiempo, vía el entrelazamiento cuántico. Cada átomo de nuestro cuerpo almacena información de nuestro pasado, pero las neuronas están específicamente diseñadas para la transmisión de información y por esto han generado nuestra una atención más especial.


Entonces, ¿qué es lo que recuerdan las neuronas espejo? Presumiblemente la información que están almacenando atañe a todas las veces que hemos visto a otra persona hacer algo, no solo tomar un cacahuate sino todo, y no sólo acciones, también sentimientos y pensamientos, todo lo que ha sido transmitido a nuestros cerebros por otras personas, empezando desde el vientre y nuestras primeras interacciones con nuestros padres. Si este es el caso, entonces todos tenemos un “retrodiario” o memoria empática a la cual podemos acceder en cualquier momento —y no solo podemos acceder sino que accedemos a ella, nos guste o no.


Esta es la razón por la cual la empatía es tan difícil para la mayoría de las personas, por qué puede ser tan sobrecogedora para aquellos de nosotros que somos capaces de ella y por qué a veces puede parecerse a su opuesto (hay evidencia de que los autistas son altamente empáticos, pero no son capaces de expresarlo, ni siquiera facialmente). Así como un estado empático tiene algo de pasividad en sí mismo, sintonizar la aflicción de otra persona puede ser más de lo que podemos en realidad expresar, sobre todo por las asociaciones pasadas que tal aflicción engloba para nosotros. Abrirse empáticamente al otro sería como abrir raudales del pasado, así como del presente. Para un individuo no-individuado —lo que es lo mismo a uno sin fronteras o sin un sentido claro de identidad— sería potencialmente aniquilador.Rolando Vargas



















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